“La economía tiene que servir para solucionar problemas, no al contrario”

11/11/2014
Charo Gómez y Carmen Rodríguez. Foto de J.M. Paisano

FUENTE DE ESTA ENTREVISTA: Rafael Reyes, El Correo de Andalucía
 

Entrevista con Charo Gómez y Carmen Rodríguez, coordinadoras del campo de energía de Sevilla de la economía del bien común.
 
En 2012, dos profesoras de la Facultad de Económicas de la Universidad de Sevilla descubrieron su pasión por un movimiento entonces incipiente e impulsado por el economista austríaco Christian Felber. Se trataba de la Economía del Bien Común (EBC). Se convirtieron entonces en las coordinadoras del campo de energía de Sevilla de la EBC, encargado de difundir en la ciudad este modelo económico alternativo «al servicio del bienestar ciudadano».
 
-¿Nos ha llevado la falta de ética colectiva a la situación económica en la que nos encontramos?
-Desde nuestro punto de vista es inconcebible el distanciamiento que existe entre la mentalidad económica y la ética. Es necesaria su unión. Su desvinculación nos ha llevado a esta situación.
 
-Entonces, ¿podría el modelo económico del Bien Común haber evitado el drama en el que están inmersas tantas familias?
-Según los planteamientos económicos del Bien Común, lo primero son las personas. Los ciudadanos están por encima de la banca, de los partidos políticos, de la situación financiera… Es indiscutible. La sanidad, la educación, la vivienda y las condiciones laborales de los ciudadanos son factores prioritarios, y a partir de ellos se debe construir el resto.
 
-Concretemos conceptos, ¿qué es eso de la Economía del Bien Común?
-La Economía del Bien Común es la economía del sentido común. Vivimos inmersos en un sistema en el que las empresas que peor tratan a sus trabajadores, que menos cuidan del medio ambiente o que no cumplen con unas condiciones de seguridad mínimas, son las que en el mercado tienen sus productos y servicios a un menor precio y consiguen cosechar un mayor éxito. La Economía del Bien Común basa sus principios en valores humanos básicos. La idea fundamental es que las empresas que generen bien común y se comprometan con ese comportamiento reciban el reconocimiento de la sociedad a través de una serie de ayudas e incentivos que les facilitarían hacer sus precios competitivos. Los principios del Bien Común tienen a la dignidad de las personas en el centro y en base a ella se debe trabajar para generar el máximo bienestar posible.
 
-Hay quien dice que este novedoso sistema económico comparte ideales con los que ahora defiende Pablo Iglesias y Podemos. ¿Qué hay de cierto en esto?
-La Economía del Bien Común es un movimiento apartidista, que no apolítico. Cualquier movimiento político que defienda la democracia participativa y su programa electoral incorpore valores humanos básicos como la dignidad, la honestidad, el respeto al medio ambiente o la justicia será bienvenido.
 
-Las empresas, según el movimiento, se deben regir por la búsqueda del Bien Común para los ciudadanos y no por la maximización de sus beneficios. ¿Y cómo se logra eso?
-Sería ideal que lo tuviéramos asimilado desde la edad más temprana. Es importante que seamos éticamente responsables y existen instrumentos que posibilitan fomentar esta práctica entre las empresas. Por ejemplo, a través de incentivos que vengan del sector público, facilitando la entrada a concursos públicos, reduciendo impuestos, minimizando aranceles…
 
-¿Qué número de empresas se han unido ya al movimiento?
-Más de mil entidades empresariales de toda Europa están adscritas al movimiento de la Economía del Bien Común. En España es una corriente incipiente que está contando cada vez con más seguidores. Son empresas que están luchando contra la marea que impera y están convencidas de que las cosas se pueden hacer de otro modo. Civicoop, una cooperativa de ingenieros y arquitectos de Sevilla; la también sevillana Limonea, la residencia de ancianos de Castilblanco de los Arroyos, en Sevilla, El Huerto… Son sólo algunos ejemplos de entidades de la ciudad para las que la Economía del Bien Común es una realidad. A nivel nacional, podemos hablar de Oceanográfica, una empresa canaria considerada varios años consecutivos como la mejor empresa del mundo del bien común.
 
-Hablamos de paro. Según los datos de la última Encuesta de Población Activa (EPA), el número de desempleados en España se sitúa en 4.526.804 personas. En Andalucía, se alcanzan los 1.044.155 desempleados. ¿Qué fórmulas aporta este sistema económico alternativo para acabar con él?
-¿Tiene sentido que una empresa que genera beneficios destruya empleo? No. Pues esas cosas ocurren diariamente. Según el modelo actual, el único fin de las empresas es generar riqueza. Han olvidado eso de ser un medio de producción a través del cual las personas se ganen la vida. Aquí entra en juego el balance del Bien Común. Nosotros proponemos la sustitución del balance económico por el del Bien Común, un balance que mida otro tipo de factores como la satisfacción de sus trabajadores, la creación de empleo o el respeto al medio ambiente. Ahí se descubrirá cuáles son las empresas que generan Bien Común y cuáles serán las que se incentiven. Las empresas compiten de forma feroz. Si cooperaran entre ellas se generaría empleo. La sociedad debe esforzarse para que las personas se incorporen al mercado laboral.
 
-El Gobierno central asegura que la recuperación económica española ya está en marcha. ¿Qué opinión le merece esta afirmación?
-No creemos en el modelo de Rajoy. Se trata de un modelo que sólo tiene en cuenta indicadores monetarios. Decir que vamos por el buen camino sin tener en cuenta nada más que un indicador económico es surrealista. Países europeos ya utilizan indicadores que se basan en la calidad de vida de sus ciudadanos; es lo que tendríamos que hacer aquí. La economía tiene que servir para solucionar los problemas de las personas, no al contrario.
 
-¿Qué país quieren para un futuro a medio plazo?
-Un país en el que impere la democracia real. No vivimos en un sistema democrático real porque se trata de un sistema que no permite intervenir a los ciudadanos en las decisiones. Para esto hay dos condiciones necesarias: transparencia y participación. No se trata de una realidad utópica, las personas deben recuperar el protagonismo. Debemos conseguir forjar un sistema de las personas para las personas.

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